2025 Un año perdido entre basura y promesas incumplidas

San Vicente del Raspeig cierra 2025 con un dudoso honor: situarse en el Top 5 de las ciudades con el recibo de la basura más caro de España. Un dato que no es anecdótico ni casual, sino el reflejo de un año de gestión del gobierno local del Partido Popular y VOX que se aleja, y mucho, de sus compromisos electorales.

La pregunta que muchos vecinos y vecinas se hacen es sencilla: ¿cómo hemos llegado hasta aquí? La tasa de residuos en San Vicente supera ampliamente la media nacional, situada en torno a los 116 euros anuales. Y lo hace pese a que la legislación es la misma para todos los municipios. Si la ley es igual, ¿por qué aquí se paga mucho más?

Las explicaciones no llegan, pero sí se acumulan las incógnitas. Una de las más evidentes es la no puesta en marcha de la Planta de Transferencia, una infraestructura clave para reducir costes en la gestión de residuos. Su ausencia no solo encarece el servicio, sino que evidencia una preocupante falta de planificación.

Tampoco resulta fácil entender el modelo de bonificaciones aplicado. Vox y el PP en lugar de apostar por un sistema justo y equilibrado, como ya hacen otros municipios, las bonificaciones las repercuten al resto de contribuyentes. Es decir, unos pocos se benefician mientras el conjunto de la ciudadanía asume el sobrecoste. ¿Es este el modelo de justicia fiscal que se prometió?

A todo ello se suma un problema aún más grave: la desinformación. Muchos vecinos desconocen por completo la existencia del Programa de Gestión de Residuos, una herramienta que permitiría reciclar mejor y acceder a descuentos en el recibo. Sin información ni pedagogía, cualquier política pública está condenada al fracaso.

Este cúmulo de decisiones -o de indecisiones- refleja una clara falta de dedicación política, así como una preocupante ausencia de sensibilidad social. Da la sensación de que, para algunos, gobernar se reduce a la “charanga y la pandereta”, olvidando que la política municipal incide directamente en la economía doméstica y en la calidad de vida de las personas.

Mientras tanto, las promesas electorales se diluyen. Ni mejoras sustanciales en barrios y urbanizaciones, ni avances reales en instalaciones deportivas, ni soluciones a la atención a la dependencia, que acumula más de un año de retraso para quienes más la necesitan. La falta de nuevos espacios culturales, los departamentos municipales saturados por la escasez de personal y el deficiente mantenimiento de la ciudad completan un panorama desalentador.

Un año después, el balance es difícil de maquillar: más impuestos, menos servicios y demasiadas explicaciones pendientes. San Vicente del Raspeig merece una gestión que planifique, informe y piense en las personas. Porque la basura no es solo un problema de residuos, sino también de prioridades políticas.

Alberto Beviá Orts, concejal de Esquerra Unida por el Grupo Municipal Esquerra Unida-Podem