En 2025, San Vicente del Raspeig muestra lo que está pasando en el resto de España, pero a su manera. Cada vez más gente tiene trabajo en la localidad, sobre todo en comercio, servicios y educación, y el paro ha bajado un poco, como en todo el país. A nivel nacional, España alcanza cifras históricas: más de 22 millones de personas trabajando y una tasa de paro alrededor del 10,5%.
Esto significa que, aunque los grandes titulares hablen de Madrid o Barcelona, ciudades medianas como San Vicente del Raspeig también están sumando su parte al crecimiento del empleo y ofreciendo oportunidades a jóvenes que buscan su primer trabajo estable o un contrato que les permita empezar a planear su futuro.
Durante años se nos repitió una idea casi como un dogma: que el mercado laboral solo funcionaba si se le dejaba hacer, aunque eso significara contratos basura, sueldos bajos y una generación entera encadenando precariedad. Los datos de 2025 demuestran que esa idea era falsa. Hoy España tiene más empleo que nunca. Más de 22 millones de personas trabajan y casi 22 millones están afiliadas a la Seguridad Social. No ha pasado por casualidad. Ha pasado porque, a diferencia de lo que ocurrió tras la crisis de 2008, el Estado decidió no retirarse, sino proteger a quienes trabajan.
Comparado con 2019, el cambio es profundo. Entonces, uno de cada cuatro contratos era temporal y el paro rondaba el 14%. En 2025, el desempleo ha bajado hasta alrededor del 10,5% y la temporalidad se ha reducido a mínimos históricos. Esto no es magia económica: es política pública. Es una reforma laboral que puso límites a los abusos y devolvió valor al contrato indefinido.
Para la gente joven, esto importa más de lo que parece. Tener un contrato indefinido no es solo una palabra en un papel: es poder alquilar una vivienda, pedir un crédito, planificar tu vida. Durante demasiado tiempo, a los jóvenes se les pidió paciencia mientras se normalizaba que vivieran en la inseguridad. Hoy, aunque los problemas no han desaparecido, el mercado laboral es menos injusto que antes.
También es importante decirlo claro: el empleo no ha crecido a costa de recortar derechos. Ha crecido reforzando el salario mínimo, ampliando la protección social y reconociendo que el trabajo no es una mercancía más, sino la base de la dignidad de millones de personas. Frente al discurso de que los derechos destruyen empleo, los datos muestran justo lo contrario.
Eso no significa que todo esté hecho. España sigue teniendo demasiado paro juvenil y un modelo productivo que depende en exceso de sectores con bajos salarios. El reto ahora no es volver a competir a la baja, sino avanzar hacia empleos más productivos, mejor pagados y compatibles con una vida digna. Más industria, más ciencia, más transición ecológica y más servicios públicos fuertes.
La figura del fijo discontinuo resume bien este momento: es un avance frente a la temporalidad salvaje, pero también recuerda que aún queda camino por recorrer para garantizar estabilidad real. La solución no pasa por quitar derechos, sino por seguir ampliándolos y por reforzar la negociación colectiva.
España en 2025 demuestra algo fundamental: cuando la política se pone del lado de la mayoría social, el empleo mejora. El verdadero debate ya no es si hay que proteger a quienes trabajan, sino hasta dónde queremos llegar en esa protección. Porque el trabajo no debería ser una carrera de obstáculos, sino una herramienta para construir vidas libres, seguras y con futuro.
Tribuna opinión de Asun París, portavoz del PSOE








































