Talar para ahorrar: el urbanismo perezoso que desprotege a San Vicente

El desarrollo urbano de San Vicente del Raspeig se encuentra en una encrucijada necesaria. La renovación de nuestras calles y la mejora de la accesibilidad son demandas legítimas de la ciudadanía, pero el modo en que ejecutemos estas obras definirá nuestra calidad de vida durante las próximas décadas. Debemos elevar el debate hacia un modelo de ciudad moderna, sostenible y amable, huyendo de miradas cortoplacistas.
Ante el inicio de las obras en la Avenida Vicente Savall, la calle Villafranqueza, la Avenida País Valenciano y el acceso sur, estamos siendo testigos de la tala no selectiva de árboles sanos, de porte considerable y esenciales como filtros de contaminación. Ante esto, cabe preguntarse: ¿podemos tener renovación y accesibilidad sin renunciar a nuestro patrimonio verde?
La respuesta tecnológica y urbanística actual es un rotundo sí. No se trata de elegir entre el árbol o la acera, sino de integrar ambos como elementos inseparables de la salud pública. Un árbol adulto no es un adorno; es un climatizador natural que reduce la temperatura del asfalto hasta en 10 grados.
Para que el progreso no perjudique al vecino, el urbanismo del siglo XXI en nuestro municipio debería pivotar sobre tres pilares:


 Soluciones técnicas avanzadas: En lugar de la eliminación sistemática, existen celdas de expansión o pavimentos porosos que permiten a las raíces crecer sin levantar el suelo. Invertir hoy en estas técnicas nos ahorra el incalculable coste sanitario y energético de vivir en una «isla de calor» mañana.
 Valoración del beneficio social: Antes de cada obra, se debe realizar un estudio de la salud del ejemplar y de su valor social. Si la retirada es inevitable por fuerza mayor, la compensación no puede ser un plantón joven en una maceta, sino infraestructura verde conectada que garantice que el volumen de sombra no disminuya.
 Consenso y pedagogía: Los vecinos y vecinas deben ser partícipes del diseño de sus calles. Explicar las alternativas técnicas y los beneficios de mantener el arbolado de gran porte genera una comunidad más concienciada y reduce la fricción política.
Es una excusa estándar decirnos que los árboles están enfermos para talarlos. Un ejemplar con problemas estructurales se trata y se poda; no se tala por sistema solo para abaratar los costes de la obra. La concejalía de Parques y Jardines ha tenido más de dos años y medio para «curar» nuestro arbolado.
Prometer plantar dos árboles por cada adulto eliminado es, en realidad, una estafa climática. Un árbol de 30 años tiene una capacidad de absorción de CO2 y de generación de sombra que diez plantones nuevos no alcanzarán hasta dentro de tres décadas.
Priorizar la tala demuestra una gestión perezosa que convierte pulmones verdes en secarrales de hormigón, intransitables a 40°C en verano.
El concepto de progreso de PP y Vox parece anclado en los años 90. No están modernizando San Vicente; lo están desprotegiendo frente al calor extremo. Tenemos la oportunidad de liderar un «urbanismo de cuidados» donde cualquiera de nosotros pueda caminar por una acera nivelada, amplia bajo una sombra continua y natural.
Ese es el verdadero progreso: unir la técnica con la sabiduría de la naturaleza. Cuidar nuestros árboles no es una cuestión de estética; es una cuestión de salud pública y de respeto al futuro de San Vicente.
Si trabajamos para que nuestras calles dejen de ser simples vías de paso y se conviertan en espacios de convivencia frescos y accesibles, ganaremos todos. Cuidar nuestros árboles no es una cuestión de estética, es una cuestión de salud pública y de respeto al futuro de San Vicente.


María Jesús Moreno
Concejala del Grupo Municipal Socialista
Ayuntamiento de San Vicente del Raspeig