En los últimos días se está hablando mucho de la regularización de personas migrantes aprobada por el Gobierno. Entre titulares, opiniones y mensajes en redes, no siempre es fácil quedarse con lo importante. Pero hay una idea clave que conviene tener clara desde el principio: esta medida no trata de traer a más gente, sino de dar estabilidad a quienes ya viven entre nosotros.
Se calcula que en España hay alrededor de 840.000 personas en situación administrativa irregular, muchas de ellas trabajando, cuidando mayores, atendiendo negocios o formando parte del día a día de nuestros barrios. La regularización permitirá que cerca de 500.000 personas puedan acceder a papeles, es decir, a un contrato legal, a cotizar y a vivir sin miedo.
Dicho de forma sencilla: no estamos hablando de algo lejano. Estamos hablando de vecinos y vecinas.
En municipios como San Vicente del Raspeig, la diversidad forma parte de la vida cotidiana. Basta pasear por nuestras calles, entrar a un comercio o hablar con cualquier familia para entenderlo. Muchas personas migrantes llevan años aquí, pero sin papeles. Eso significa trabajos precarios, inseguridad para ellos y dificultades para integrarse plenamente.
Regularizar no es un “premio”, es poner orden. Permite que quien ya está trabajando lo haga en condiciones dignas, que pague sus impuestos como cualquier otra persona y que pueda aportar aún más a la sociedad.
Y esto tiene un efecto directo en todos y cada uno de nosotros: cuando hay más empleo legal, hay más ingresos públicos, mejores servicios y menos economía sumergida.
En paralelo, han circulado muchos mensajes alarmistas. Conviene aclararlos sin rodeos:
- No se va a regularizar a cualquiera: se exige no tener antecedentes penales y cumplir requisitos estrictos.
- No genera un “efecto llamada”: solo podrán acogerse quienes ya estaban en España antes de una fecha concreta.
- No se dan más derechos que a nadie: se trata de permisos de residencia y trabajo, no de nacionalidad ni privilegios.
Es importante decirlo claro, porque el miedo muchas veces nace de la desinformación.
España necesita trabajadores. Es una realidad que se nota en sectores como la hostelería, la construcción o los cuidados. Además, nuestra población envejece, y eso hace aún más importante contar con personas en edad de trabajar que sostengan el sistema.
De hecho, en los últimos años, una gran parte del empleo creado ha sido ocupado por personas extranjeras. Regularizar su situación no solo mejora sus vidas, sino que fortalece la economía de todos.
En lo local es donde realmente se ve el impacto. En San Vicente del Raspeig, esta medida puede traducirse en varias mejoras concretas.
Por un lado, más estabilidad en el empleo. Personas que hoy trabajan de manera irregular podrán hacerlo con contrato, lo que beneficia tanto a trabajadores como a empresas locales.
Por otro, mayor convivencia y cohesión social. Cuando alguien tiene papeles, participa más: se apunta a actividades, se implica en la comunidad, lleva a sus hijos con más tranquilidad al colegio, acude al centro de salud sin miedo. En definitiva, forma parte del pueblo de pleno derecho.
Y también hay un impacto económico: más cotizaciones, más consumo en el comercio local, más actividad en el municipio.
San Vicente siempre ha sido un municipio abierto, trabajador y diverso. Esta regularización no cambia quiénes somos, pero sí puede ayudarnos a convivir mejor y a aprovechar el potencial de todas las personas que ya forman parte de nuestro día a día.
Porque al final, más allá de debates políticos, esto va de algo muy sencillo: de vecinos y vecinas que quieren trabajar, vivir tranquilos y construir un futuro aquí.
Y eso, en San Vicente del Raspeig, lo entendemos bien.
Asun París, portavoz PSOE









































